Qué es el femmage: el collage feminista de Miriam Schapiro

Qué es el femmage: el collage feminista de Miriam Schapiro

Miriam Schapiro acuñó el término femmage en los años 70, en plena efervescencia del arte feminista, para nombrar una práctica que llevaba demasiado tiempo siendo tratada como “menor”.

En aquel contexto, buena parte del sistema artístico seguía considerando «arte serio» lo que encajaba en las Bellas Artes tradicionales; dejando fuera las técnicas y materiales asociados a la decoración y lo doméstico.

Este artículo te ayudará a entender de dónde surge el concepto, qué lo define y cómo reconocer un femmage cuando lo ves… y también cuando lo haces.

Qué es el femmage

El femmage es un tipo de collage que combina papel e imagen con materiales textiles y domésticos —telas, encajes, patrones, botones, costuras— y los utiliza con una intención muy concreta: convertir aquello que durante décadas se consideró “menor” o “de casa” en arte con voz propia.

Como técnica, el femmage se construye a partir de capas y ensamblaje: recortar, superponer, coser, pegar, bordear, unir fragmentos. Pero su sentido no se agota en el “cómo”. El femmage también es una postura: habla de lo que se elige y de por qué se elige.

A menudo nace de materiales guardados (retales, puntillas, trozos de ropa, fotografías, papeles). Al rescatarlos y recomponerlos, la pieza convierte esa materia en relato: por un lado, memoria de uso; por otro, trabajo doméstico y cuidados. Todo eso pasa a ocupar el centro de la imagen.

En pocas palabras: el femmage no solo “usa telas”. Reivindica lo que esas telas significan.

Miriam Schapiro (American, 1923–2015). Anonymous was a Woman, 1976. Acrylic and collage on paper, 30 × 22 in. (76.2 × 55.9 cm) frame: 33 3/4 × 25 3/4 × 1 1/2 in. (85.7 × 65.4 × 3.8 cm). Brooklyn Museum, Gift of Amy Wolf and John Hatfield in memory of Cynthia Africano, 2005.61. © Miriam Schapiro. (Photo: Brooklyn Museum)

Miriam Schapiro y el origen del término

Miriam Schapiro (1923–2015) nació en Toronto y creció entre formación y taller desde muy joven. Se formó de manera académica, trabajó con técnicas como el grabado y desarrolló una carrera sólida dentro del circuito artístico de su tiempo, primero en un contexto dominado por los códigos tradicionales del arte.

Esa parte de su biografía es importante porque el giro que hace después no nace de la improvisación, sino de un oficio y trayectoria profesional.

A finales de los 60 y, sobre todo, en los 70, Schapiro se implica de lleno en el arte feminista, no solo a través de su obra, sino también desde la enseñanza y el trabajo colectivo.

Miriam Schapiro, Mechano/Flower Fan, 1979; Acrylic and fabric collage on paper, 30 x 44 in.; National Museum of Women in the Arts, Gift of MaryRoss Taylor in honor of her mother, Betty S. Abbott; © 2023 Estate of Miriam Schapiro/Artists Rights Society, New York 

Schapiro resulta esencial para el arte feminista porque aporto desde dos frentes a la vez:

  • Desde la obra: incorporó el ornamento, el patrón y el textil como parte central de la composición, demostrando que no eran “un adorno”, sino estructura y significado.
  • Desde la pedagogía y el movimiento: cofundó con Judy Chicago el Feminist Art Program en CalArts (1971) y participó en proyectos colectivos decisivos como Womanhouse (1972), donde lo doméstico se convirtió en un campo artístico y político.

Schapiro inventa y define femmage en los años 70 para nombrar una práctica concreta: collages y ensamblajes realizados con materiales y técnicas tradicionalmente femeninas, organizados por una lógica de reunir y recomponer.

El texto con Melissa Meyer en Heresies (1977–78)

En invierno de 1977–78, Miriam Schapiro y Melissa Meyer publicaron en Heresies un texto que funciona, casi literalmente, como acta de nacimiento del término Femmage.

Waste Not Want Not: An Inquiry into What Women Saved and Assembled—FEMMAGE

En ese texto fundacional describen la técnica y, al mismo tiempo, dejan claro qué cuenta como femmage: no basta con usar tela o encaje, hace falta una intención, una elección de materiales con sentido y una manera de ensamblarlos que sostenga la idea. Gracias a esa definición, gestos cotidianos como guardar, remendar o reutilizar dejan de leerse como simple “economía doméstica” y pasan a entenderse como método artístico con carga cultural.

Por eso la clave no es la escasez, sino el significado. Cuando esos gestos se convierten en lenguaje, la obra puede hablar de memoria, trabajo cotidiano y herencia material de forma directa, sin camuflarse bajo códigos ajenos para resultar aceptable.

Además, esa claridad sirve para evitar una confusión muy común: reducir el femmage a “collage con encaje”. El femmage se sostiene en la lógica que lo organiza: qué eliges, de dónde sale, qué historia trae y por qué lo colocas ahí.

Los criterios del femmage

Para entender el femmage, conviene pensar en criterios más que en una “receta” de ingredientes. No se trata de cumplir una lista al pie de la letra, sino de reconocer un conjunto de señales que se repiten cuando una obra no solo incorpora materiales domésticos:

Guardar y coleccionar: el archivo íntimo

En el femmage, muchas veces la obra empieza antes de la obra: empieza en una caja, un cajón, un sobre, una bolsa de “esto no lo tiro”. Retales, puntillas, botones sueltos, papeles bonitos, etiquetas, fotos, telas con historia. Ese gesto de guardar no es capricho: es archivo íntimo.

  • Guardas porque hay memoria (un vestido, una casa, una época).
  • Guardas porque hay tiempo invertido (lo hecho a mano, lo cuidado).
  • Guardas porque hay valor afectivo (lo que no se reemplaza igual).

En el femmage, ese archivo no funciona como “almacén”: funciona como material narrativo. Es lo que, más adelante, te permitirá componer con sentido, no solo con textura.

Dollhouse, 1972, Miriam Schapiro and Sherry Brody

Reciclar y recombinar: “waste not”

Aquí aparece una lógica clave: aprovechar lo que ya existe. “Waste not” (no desperdiciar) no es una frase bonita; describe una manera de trabajar: reutilizar, recombinar, dar nueva vida a restos.

En lugar de partir de materiales perfectos, el femmage abraza lo irregular: el borde deshilachado, el recorte imperfecto, la tela gastada. Y esa elección cambia el resultado: la obra queda llena de huellas.

  • Recombinar también es pensar en capas: lo nuevo no tapa lo anterior, conversa con ello.
  • El “resto” deja de ser sobra y pasa a ser decisión estética y ética.

Mujer/vida: lo doméstico como contenido y como método

Este criterio es el corazón del concepto. El femmage no mira lo doméstico desde fuera como “tema”; lo trabaja desde dentro como experiencia y como método.

  • Lo doméstico como contenido: objetos, patrones, telas, rutinas, espacios, gestos de cuidado.
  • Lo doméstico como método: coser, aplicar, remendar, ensamblar; hacer con tiempo, con paciencia, con repetición.

Metáfora, diario y audiencia

Otra pista típica del femmage es que no siempre “grita” su mensaje. Muchas obras funcionan como un diario visual: hablan en voz baja, pero dejan rastro.

  • Metáfora: un encaje puede ser herencia, restricción, protección o ritual.
  • Diario: fragmentos que, juntos, construyen una vida (no un “tema”).
  • Audiencia: a veces parece hecho para alguien concreto, o para una intimidad compartida, no para impresionar desde lejos.

Cómo leer un femmage

Miriam Schapiro, House Plants, 1982

Para leer un femmage, debes míralo como se mira un objeto vivido: qué materiales aparecen, cómo están unidos y qué rastro de uso traen encima. En cuanto prestas atención a eso, la obra se vuelve transparente: habla por las manos (tiempo, oficio, decisiones) y por la memoria (lo que se guarda, lo que se repara, lo que no se quiso perder).

Estos detalles suelen darte la clave:

  • Costuras y uniones. ¿Está cosido, pegado, grapado, aplicado? La unión cuenta tanto como la imagen. Una costura visible no “estropea”: declara trabajo, tiempo y oficio.
  • Bordes. Fíjate en deshilachados, recortes imperfectos, puntillas, dobladillos. El borde es donde se nota si el material viene de una vida anterior… y si esa vida importa en la lectura.
  • Capas. El femmage suele construirse por superposición: tela sobre papel, papel sobre patrón, encaje sobre color. Pregúntate qué queda arriba, qué queda debajo y, sobre todo, por qué.
  • Huellas. Manchas, pliegues, desgaste, arrugas, cambios de tono. En un femmage, esas “imperfecciones” funcionan como pruebas de realidad: el material no es neutro, ha pasado por algo.

Piensa en esto: en un collage clásico la atención suele irse a la imagen. En un femmage, la atención se fija en el cómo. La obra te muestra sus costuras a propósito.

Referencias bibliográficas

  • Schapiro, Miriam; Meyer, Melissa. “Waste Not Want Not: An Inquiry into What Women Saved and Assembled—FEMMAGE”. The Heresies Project (recurso digital). Bucknell University – L.E.A.F. (consulta: 9 feb 2026).
  • Heresies: Women’s Traditional Arts: The Politics of Aesthetics. Heresies, vol. 1, n.º 4 (invierno 1977–1978) (PDF del número). Heresies Film Project (consulta: 9 feb 2026).
  • Entrada enciclopédica: “Miriam Schapiro”. Jewish Women’s Archive (consulta: 9 feb 2026).
  • Guía/archivo institucional: “Feminist Art Program (1971–1974)”. CalArts Library (consulta: 9 feb 2026).

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